Desde la primera vez que surgió la “loca” idea de
cruzar en moto un continente de punta a punta, se ha convertido en un tema de
conversación recurrente con la gente que conozco. Sin excepción la primera
pregunta que me realizan es: “¿te da miedo el viaje?” Sin pensar mucho,
respondo que no. El hecho es que ahora estoy a las dos de la madrugada del día
de salida con tantas ideas que simplemente no puedo consolidar el sueño. Aunque
es una posibilidad latente, mi primer miedo no es un accidente; lo que da
vueltas en mi cabeza es el miedo a qué nos espera, qué encontraremos, qué
experiencias viviremos, qué personas con pasados diametralmente opuestos a los
nuestros conoceremos y cómo estas influirán de una manera u otra en nuestras
vidas… En resumen: qué secretos nos revelará la carretera. Sé que con cada
curva y cada recta tendré tiempo para reflexionar y conocerme a mí mismo más y
más, como también sé que esta experiencia nos unirá mucho a mi hermano, papá y
yo.
La segunda pregunta que me hacen es “¿vas a perder
tiempo en la universidad?” Pienso que visto desde el punto de vista
cronológico, sí, no lo puedo evitar.
Pero a la vez es lo que menos me importa, soy una persona sumamente afortunada
al tener la oportunidad a tan temprana edad de dejar de lado absolutamente todo
en mi vida por un par de meses, simplemente
para vivirla. Suena curioso, pero es
así. Voy a estar haciendo lo que realmente me gusta: vivir una aventura. No soy
particularmente un fiel creyente del destino, pienso que cada uno escribe su
propia historia con cada decisión que toma; y estoy extremadamente feliz de que
tanto mi papá, mi hermano y yo hemos compartido el mismo sueño durante años y
finalmente hoy se hará realidad: recorrer nuestra hermosa Suramérica en moto.
Juan Andrés Blanco